Leyenda del cura Benjamín

Leyenda del cura Benjamín

En el pueblo, el cura Benjamín era muy querido y respetado por los ciudadanos. Al término de las misas dominicales, siempre se daba el tiempo necesario para escuchar a sus feligreses y si le era posible solucionar sus problemas, inmediatamente lo hacía sin perder tiempo.

Uno de los más grandes alicientes que tenía Benjamín en ese pueblo era el construir un dispensario en el que hubiera consultas gratuitas y medicamentos de alta calidad para las personas con menores recursos económicos. A diario enviaba una carta al ayuntamiento pidiendo la ayuda del estado. Sin embargo, ninguno de sus mensajes fue respondido.

Con lo que podía organizaba kermeses y ferias para recaudar dinero y así ahorrarlo hasta poder construir su clínica. Luego de mucho insistir, un Presidente municipal aceptó otorgarle el terreno para la construcción del dispensario.

No obstante, la única condición que el político le puso era que la construcción debía terminar antes del día de Navidad. Esto significaba que los trabajos de construcción, tenían forzosamente que detenerse en menos de 100 días, hazaña que a todas luces era imposible de realizar.

Para colmo de males, se avecinaba la temporada más fuerte en el que las lluvias afectaban el campo y la producción rural del pueblo. Esto quiere decir que la gran mayoría de las personas que podían ayudar al sacerdote sin cobrarle estarían ocupadas cuidando de sus cosechas.

– Es el momento justo de poner a prueba mi fe. Sé que antes de que llegue la fecha acordada, recibiré la ayuda del cielo que con tanta premura necesito. No dejaré de elevar una plegaria hasta que esto suceda.

Les diría que la resolución de esta leyenda sería poco menos que increíble, si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Pero cuando empezaron las posadas, un grupo de hombres llegó al pueblo y se ofreció a construir la clínica en tiempo récord.

Ninguno de los que nos acercamos a ver aquellos individuos, supimos de dónde venían. Colocaron mantas cercando el perímetro de la construcción y lo único que salía de ahí eran ruidos de martillazos.

Después quitaron las telas y el dispensario estaba listo para operar. El padre Benjamín les dio las gracias y los hombres se perdieron en el horizonte.

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