Cuento del pececito dorado

Cuento del pececito dorado

Cerca de mi casa acaban de inaugurar un centro comercial lleno de locales muy diferentes unos de otros. Por ejemplo, en el primer piso se encuentran los comercios que están vinculados a la venta de ropa y accesorios para el hogar. En el segundo piso, hay un espacio reservado para las salas de cine y hasta para un teatro popular. Por último, en el piso más alto encuentras la zona de comida rápida, discos, joyería etc.

Ahí lo más impresionante es una tienda de mascotas enorme. Está muy bien surtida, cuenta con aves, perros, gatos y un gran acuario. Un conocido me dijo que fuera a ese local, ya que ese era el único sitio de la comarca en donde vendían peces originarios de China.

Esos animalitos se distinguen por tener un color un tono ámbar profundo y debido a que su hábitat natural son los estanques o riachuelos de agua dulce, son excelentes mascotas, pues no requieren muchos cuidados especiales.

Le pregunté a uno de los vendedores en donde se hallaban los peces de importación, a lo que él respondió que caminara hasta el fondo de la tienda. En efecto, allí pude apreciar la inmensa gama de especies que convivían en las distintas peceras.

Llamó mi atención un diminuto pez brillante el cual estaba arrinconado en una orilla. Acerqué uno de mis dedos y comencé a golpear suavemente una de las paredes del recipiente de cristal que lo contenía.

Él se acercó a mí con cierto temor y moviendo su boca me comentó:

– La mayoría de mis amigos ya se han ido, llevo mucho tiempo aquí. La gente prefiere a los peces más grandes.

– Mira qué coincidencia, yo vine buscando un pececito pequeño como tú, ya que en mi apartamento no tengo suficiente espacio para colocar una vasija grande de vidrio llena de agua. Además soy un admirador de tu cultura, quizás no lo sepas, pero en el teatro popular que se encuentra abajo este mes presentan una obra sobre la dinastía Ming.

– Oh, yo te puedo contar historias que ningún humano ha escuchado. Relatos de las profundidades marinas que mis amigos me compartieron. Mencionó el pez.

Ambos esbozamos una sonrisa y nos fuimos a casa.

Una mascota ayuda a sensibilizarnos. Hay que tratar a los animales con respeto y cariño.

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